El Regreso del Cuentacuentos. Literatura 2.2


Si el formato digital, la aparición y normalización del libro electrónico que supone la ruptura con la limitación impuesta por el papel (tanto en la concepción de la obra, como en su distribución, comercialización y venta; así como en la recepción de la misma) representa la literatura 2.0 o 2.1 según quien hable, atisbo que esa misma revolución, lejos de agotarse, comienza a entrar en un horizonte nuevo (tecnológicamente hablando) que en realidad entronca con las raíces profundas del fenómeno, primero y último, que justifica la propia literatura: que no es otro que el contar y transmitir historias.


Dejadme que os haga partícipe de esta pequeña reflexión, que nació, como muchas otras, en las largas y abundantes charlas que mantengo con la “Invicta”.


Tenemos evidencias científicas demostrables de que el hombre ha estado contando historias desde la aparición de las pinturas rupestres. Esos dibujos en las paredes son la manifestación más primaria de “narración” entre grupos humanos.

¿Qué contaban? Eso es un tema irrelevante en este caso, lo importante es que cuentan algo. Están pensadas para transmitir información y demuestran la necesidad temprana de los hombres y culturas en preservar y trasmitir esa información.


La transmisión de información, de conocimiento, es inferible y rastreable desde la propia existencia del ser humano incluso en estadíos evolutivos muy primarios. Que los ancianos contasen los secretos del tallado del sílex para fabricar armas a los jóvenes, que se compartiesen nuevas técnicas y mejoras, resultó vital para que hoy día seamos lo que somos. Es connatural a la esencia humana.


Resulta más que probable que desde que el ser humano desarrolla la capacidad de imaginar, el gran cisma que lo separa del animal y de cualquier otra cosa viva sobre la tierra, a los hombres nos ha gustado juntarnos para contar y escuchar historias. Así nacimos los cuentacuentos, así nacimos aquellos cuya motivación no ha sido otra que la de contar historias. Es fácil imaginarse un mundo “primitivo”, ingénuo y temeroso de cuanto le rodea, unido en comunidad al calor de una hoguera y bajo el siempre sobrecogedor cielo nocturno, escuchando por boca de un miembro destacado de la comunidad (destacado quizá solo por poder y saber contar historias) narraciones sobre grandes hazañas, misterios insondables, viejos dioses o costumbres de un pasado aún más remoto.

Lo llamaré: Literatura 0.1. Es el germen de todo lo que vino después.


La transmisión oral fue el vehículo usado durante cientos de generaciones para compartir esas historias, historias que pasaban de una boca a otra, que los viejos contaban a los jóvenes y estos a sus jóvenes cuando ellos mismos llegaban a viejos. Historias que, probablemente aún narramos sin ser conscientes de lo antiguas que son y de lo largo que ha sido su viaje hasta nosotros. Historias que, probablemente, la mayor parte de ellas se perdieron sin remedio junto a aquellos que las contaban. Porque las palabras dichas, como reza el saber popular, se las lleva el viento.

Fue, precisamente, la necesidad de conservar estas historias lo que fomenta la aparición de la escritura y del soporte físico que la contiene. La primera constancia histórica de ello, las tablillas de Ur, contiene un listado contable. El primer uso conocido del texto escrito fue administrativo, pero pronto tendríamos constancia de que los cuentacuentos y su público usarían aquella nueva tecnología para hacer lo que llevaban generaciones haciendo: contando historias y fascinando con ellas. La epopeya de Gilgamesh, con seguridad la primera ficción épica jamás contada es concebida por los Sumerios, la primera civilización moderna conocida, los inventores de la escritura. Así, escritura y su uso literario son prácticamente coetáneos en el tiempo. Nace la literatura 1.0


Las tablillas de barro cocido dieron paso al papiro, soporte que nos legaría a todos los clásicos egipcios, babilónicos, griegos y romanos. Todo su saber y todas sus tragedias, comedias, lírica y épica. El mundo medieval impulsaría el pergamino y finalmente el mundo árabe estandarizaría el uso del papel. El soporte escrito iba haciendo cada vez más innecesaria la intervención oral del cuentacuentos. La transmisión de historias se iba desprendiendo de su carácter oral y colectivo para ir transformándose poco a poco en un acto personal e íntimo.

A pesar del romanticismo que pueda tener la oralidad de las historias, el soporte escrito rompía con algunas de sus barreras y limitaciones más profundas. Para empezar ya no se necesitaba físicamente a la persona que contaba la historia. Tampoco estar presente en el momento, hora y lugar donde esa historia era narrada. Una persona con acceso a un manuscrito en papiro, pergamino o papel podía decidir cuándo y cómo leer; cómo y cuándo tener la experiencia y repetirla tantas veces como fuese su deseo. Eso es un gran avance.

El mayor problema, la accesibilidad al texto escrito, finalmente se supera con la invención de la imprenta y la seriación del texto impreso. A partir de este momento nunca fue más fácil acceder a estas historias. Es el nacimiento de la Literatura 1.1 y con ella del nacimiento también de lo que será la industria editorial, aquella que decidirá sobre qué obra se invertirá el capital necesario para su impresión y difusión. A mayor inversión editorial mayor difusión y recepción de una obra.


Este es el mundo que heredamos y también el mundo cuyas limitaciones volvimos a romper con la aparición y normalización de la literatura digital. La desaparición del soporte físico del papel supone superar nuevamente multitud de barreras físicas. Para empezar: espacio y peso. Hoy en la memoria de un teléfono móvil o en un lector digital, en el tamaño máximo de un cuaderno de notas y con el peso de una caja de cigarrillos cualquier persona en el mundo puede tener a su disposición 100 veces más volúmenes que los que contenía ¡la Biblioteca de Alejandría! Aristófanes hubiese llorado de la emoción de haberlo sabido.

A los escritores, a los herederos de aquellos cuentacuentos, el mundo digital nos libera de la cuestionable infalibilidad del sesgo editorial y nos permite contar historias y ponerlas a disposición de un público que ya juzgará si son merecedoras o no. Un público que ya no tiene que ir a un lugar físico concreto donde esos volúmenes puedan adquirirse, que ya no dependen de una distribución física. Cualquier persona del mundo puede adquirir cualquier historia con un solo clic, con independencia del lugar que habite o el idioma que hable. Todo ello, también abarata los costes y lo hace aún más asequible al consumo. Jamás antes de ahora fue más fácil ni barato adquirir una historia. Esta es la literatura 2.0 o 2.1


Pero yo he comenzado todo este periplo para hablar de la que llamo Literatura 2.2 y he dicho que entronca directamente con el mismo origen de la naturaleza misma de la narración. No en vano he titulado este post “El regreso del Cuentacuentos”. ¿A qué me refiero exactamente?


Pues hablo de un fenómeno que si bien no es nuevo si comienzo a ver popularizarse en los últimos años, ampliándose y tomándose en consideración, saliendo poco a poco del ambiente marginal en el que se encontraba. Hablo de las “Historias Narradas”. Hablo de los Audiolibros.


Hasta ayer estaban básicamente circunscritos a ámbitos ligados con la deficiencia visual; es decir, eran básicamente productos para aquellos que no podían leer y eso los encuadraba en una subcategoría menor. Pero el mundo evoluciona y lo hace muy rápido. El ritmo actual no siempre permite poder hacer solo una cosa y leer es una experiencia que requiere atención, calma y tiempo. No es algo que puedas complementar con otra actividad aunque leas en formato digital. Sin embargo hay quien ha pensado que de la misma manera que alguien puede escuchar música mientras hace ejercicio, corre, hace tareas del hogar o actividades mecánicas y repetitivas... también puede estar escuchando una historia.

Y no son pocos ya, quienes se han tomado esto mucho más en serio que hasta ahora. El mejor termómetro es que la indiscutible gigante del libro digital, AMAZON, ha querido dar una entidad propia a este formato y ha creado AUDIBLE, un portal exclusivo para los formatos de audiolibro. El catálogo en audio (en cualquier portal) aún es básico e incipiente y desde luego hay pocos autores independientes o novelas recientes pero empieza a verse una dinámica en ascenso y personalmente creo que “escuchar” historias está a un paso de popularizarse tanto como leerlas. Pronto, creo, no habrá mucha distinción para el usuario entre leer una historia o escucharla, porque “escucharla” requiere aún menos requisitos para el lector que leerla y se adapta muy bien a muchas de nuestras ajetreadas vidas modernas. Va en consonancia con los tiempos que corren y no es descabellado pensar que la tendencia va a incrementarse.

La magia de este formato es que nos devuelve a la esencia de aquella hoguera bajo las estrellas y al componente oral sin perder todas las ventajas que tiene el soporte físico. Las historias pueden conservarse, se puede repetir la experiencia tantas veces se quiera y su adquisición y precio la vuelven una opción muy económica y factible. Es decir, reunimos todo lo bueno sin renunciar a nada.

Y para el autor, en especial para el autor, le devuelve la posibilidad de poder sentarse cara a cara con su público y transmitirles de la forma más virgen y desnuda la historia que ha concebido para ellos.


La tendencia de audiolibros “narrados por sus autores” está en alza y se han apuntado a ellos escritores de renombre, como Neil Gaiman. Para el lector es la posibilidad de llevarse al autor/a al gym, a la ruta de senderismo, a la cocina o a la cama (menuda fantasía esta, no? Jajajaja) y que sea su propia voz, su propio tono, sus propios giros quienes le narren la historia. Personalmente me resulta algo de tal belleza, tan mágico, tan íntimo y especial que me resulta demasiado tentador como para no intentarlo.


Bienvenidos a la experiencia del futuro. Los autores, ahora, os contamos nosotros mismos la historia. Con nuestra propia voz.

¿Nos llevarás contigo?

Vilches

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© 2016 Jesús B. Vilches. España. Contacto: jvilches25@hotmail.com

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